Nacido bajo el nombre de Gabriel Siria Levario el 1 de septiembre de 1931, Javier Solís, como lo conocíamos en el mundo artístico, nació en Nogales, Sonora. Dejó de existir el 19 de abril de 1966 en la Ciudad de México. Javier asistio a escuelas ubicadas en Tacubaya, donde figuró como cantante en los festivales escolares. Sin embargo, las carencias económicas lo orillaron a dejar sus estudios. Fue aprendiz de mecánico, panadero, carnicero y recolector de vidrios. Inclusive declaró para una revista que el trabajo fue un aspecto importante durante su vida:  “Para mí es un orgullo decir que vengo de muchos empleos”, en la que también dijo que su vocación artística “se inició por hambre”.Pero fue hasta 1948 cuando incursionó en el mundo artístico. Solía presentarse en restaurantes y en la Plaza Garibaldi, donde las comparaciones lo calificaron como el imitador del ídolo Pedro Infante; sin embargo, con el paso del tiempo fue desarrollando el estilo que no olvidamos.

Hoy se cumplen cincuenta y un  años de su muerte. En relación con este tema, circularon y siguen circulando toda clase de versiones. Se dijo que su muerte ocurrió por haber hecho el amor y también porque se quitó la sonda, producto de un padecimiento en la vesícula; cabe señalar que Javier tenía terror al bisturí. Fue al filmar la película “Juan Pistolas”, cuando las cosas se agravaron, debido a que su médico de cabecera le había ordenado reposo absoluto, cosa que no sucedió ya que en dicha película se vio obligado a cabalgar un caballo.

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El diagnóstico fue inminente, se trataban de  cálculos que estaban ya fuera de la vesícula. Él diagnóstico era operación urgente. Sólo había que esperar a que se desinflamara un poco. A las siete de la mañana del trece de abril lo metieron de urgencia al quirófano tras un fuerte cólico. Siete días de zozobra fueron los que la familia del cantante sufrió tras una recuperación que era muy incierta; había mañanas en que su estado de salud era estable, sin embargo, había perdido el apetito y decía sentirse bastante agotado. Fue así como en la mañana del 19 de abril alrededor de las 5:45 de la mañana su diagnóstico fue contundente: Javier Solís había muerto a causa de un desfallecimiento cardíaco, desequilibrio electrolítico (colecistectomia)”

Recordando más al ídolo del bolero ranchero; fue en los años 50 cuando cantaba en el Bar Azteca que Julio Rodríguez, integrante del trío Los Panchos, fue cautivado por su voz a tal grado que decidió ayudarlo a conseguir una audición con el director de la entonces disquera Columbia, tiempo después, Solís graba su primer disco: Javier Solís, Volumen 1. Fue tan buena la aceptación del público que fue en ese momento cuando se ganó su título de El rey del bolero ranchero.

La  industria cinematográfica de los años 50 y 60 lanzó a la pantalla grande a Javier Solís con producciones como El norteño, Tres balas perdidas, Escuela para solteras, Especialista en chamacas y El hombre de la furia (Más allá del Orinoco), la cual se filmó en Venezuela. Entre sus discos más recordados se encuentran Fantasía Española y Trópico, los cuales incluyeron temas de Agustín Lara. Fueron estas canciones las que lo consolidaron como una de las voces representativas de aquel tiempo, misma que perdura hasta hoy. Sin duda, se trató de una pérdida bastante significativa, ya que fue Javier quien dio un estilo propio a la interpretación de la música ranchera y no sólo eso, también fue al autor de una poética en el género que, sin duda, son un legado para la cultura popular mexicana.

Charro Javier Solís