Quizá debido a directores como Quentin Tarantino o Robert Rodríguez o simplemente por sus características tan curiosas, el cine de serie B ha mantenido su popularidad conforme pasan los años y aunque en principio era una estrategia comercial, hoy ha abierto distintos géneros desprendidos del bajo presupuesto de las películas tipo B.

Originalmente, las películas de tipo B se producían con mucho menos presupuesto (y menor calidad por supuesto) para presentarse en la segunda función de las salas. Tras la gran depresión de 1929, los empresarios tuvieron que idear la manera de mantener a la gente en las salas de cine y el naciente mercado de las majors comenzó a producir cintas que tuvieran un costo menor al exhibirlas, así más gente podría asistir. De esa forma, la clase B se convirtió poco a poco en una forma completamente distinta de hacer cine.

De esas producciones salieron talentos que más tarde fueron reconocidos, tanto actores como directores pasaron primero por la libertad de experimentación que brindaba este subtipo de industria. John Wayne, los westerns clásicos, Humphrey Bogart, el inicio del terror y de la ciencia ficción tienen su origen en esta parte de la industria. Sin embargo, cuando la ley ya no permitió que una sola empresa controlara toda la cadena de distribución cinematográfica hizo que la serie B decayera como sistema de negocios, aunque no como estilo visual.

serieb_3

Drácula, 1931

La serie B es seguida como un género de culto, aunque su producción a lo largo del tiempo se ha debatido entre películas muy malas con bajo presupuesto y películas que exploran temas poco comunes de forma poco común, la característica principal de esto es la experimentación, así como la libertad producida por la baja expectativa asociada a este tipo de cintas.

Clásicos del terror, como Drácula de 1930, protagonizada por Béla Lugosi y todo ese universo clásico de monstruos, The Rocky Horror Picture Show, que de hecho hace homenaje a estas películas, The Little shop of horrors, dirigida por Roger Corman, Pink flamingos, una perturbadora película grotesca de John Waters, entre muchos otros ejemplos forman parte del cine de serie B o de algún subproducto de este. Incluso el cine de mayor presupuesto ha retomado conceptos asociados a esto, por ejemplo Death Proof, de Tarantino, Planet Terror, cuya imagen principal es la de Rose McGowan con un arma en lugar de pierna, podrían considerarse serie B, por el uso de la violencia y los argumentos absurdos.

serieb_2

Planet Terror, 2007

Actualmente abundan producciones como Sharknado, una trilogía cuya premisa es una tormenta de tiburones vivos que azota diversas ciudades de Estados Unidos, sin duda provenientes de ideas como Planet 9 from outer space (1959), considerada la peor película de la historia. Estas cintas representan la cúspide de la libertad en el género, pues cualquier argumento, por delirante que sea, es susceptible de llegar a la pantalla, acompañado de efectos especiales de poca calidad, actuaciones memorables (por su pésimo desarrollo), factores que pueden causar ferviente admiración o total desprecio por parte del espectador.

serieb_1

Sharknado, 2013

También franquicias comerciales como Alien, Pesadilla en la calle Elm, etcétera, están inevitablemente vinculadas a las propuestas que surgieron gracias a la industria de los años 30, así como algunos directores independientes han realizado películas que se inscriben en estos círculos, como el caso de David Lynch, cuya película Eraserhead es considerada dentro de esta clasificación.

Sin duda la serie B puede resultar chocante por su pésima calidad, pero también es una tangente libertad para los creadores, pues si se inclinan por esto sus posibilidades son ilimitadas.

Por Mariana Cruz