El prestigio a nivel mundial de la cinematografía realizada en nuestro país durante la primera mitad del siglo XX es, sin lugar a dudas, irreprochable, la Época de Oro, denotó que en México había cabida para un cine bien pensado y argumentado. Personajes tan emblemáticos de la industria del cine de aquellos ayeres, como Emilio El Indio Fernández, María Félix, Dolores del Rio, Gabriel Figueroa, Pedro Armendáriz, siguen formando parte del ideario colectivo de nuestra sociedad. Fue tanto el auge y la repercusión internacional que tuvo esta industria, que se logró consolidar la Academia Mexicana de Artes y Ciencias Cinematográficas.

Como un suceso de evolución, la filmografía de época, que retrataba el folclor del típico “macho” mexicano y de grandes paisajes que enaltecían nuestra geografía con una dirección de fotografía esplendida, terminó. Fue poco antes y durante el sexenio de Luis Echeverría que los medios de comunicación (radio, televisión y cine) tomaron un papel protagónico como organismo de difusión gubernamental, a tal grado que el cine nacional experimentó una estatización, un suceso amorfo, siendo México una república. Ese hecho no fue para nada perjudicial, puesto que durante este sexenio se crearon diversos organismos gubernamentales de fomento al cine, como la Cineteca Nacional, Conacine y el CCC, así el esplendor del cine nacional resurgió.

Con la llegada de López Portillo a la presidencia de la república, el cine apoyado por el Estado se desplomó, es decir, bastó un sexenio (1976-1982) para que el oscurantismo cayera sobre la industria cinematográfica nacional. Era en ese entonces Margarita López Portillo, hermana del presidente, la Directora de la RTC, decisión que pagaría la industria. Durante su dirección, y con intenciones fallidas de retornar el cine familiar y a la época de oro, se desmantelaron todas las industrias creadas el sexenio anterior, a tal grado que se incendió gran parte del acervo que resguardaba la Cineteca Nacional.

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Fue durante este periodo que se generó una industria cinematográfica privada de bajo costo, producciones fugaces y pésima calidad fílmica, la cual daría inicio con películas como Bellas de noche y Las ficheras, surgió pues, el popular cine de ficheras. Bajo la temática del cabaret y los albures, las nuevas estrellas del cine nacional eran esas rumberas venidas a más, actores como Sasha Montenegro (esposa de López Portillo), Alfonso Sayas, Jorge Rivero, Rafael Inclán, Carmen Salinas, entre otros, dominaban la taquilla nacional con una explícita vulgaridad en la pantalla que incluía desnudos gráficos y palabrotas al por mayor.

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Si bien, películas como La lechería de sacarías, La pulquería I y II, El día de los albañiles, La golfa del barrio, Blanca nieves y su siete amantes, Tres lancheros picudos, son pésimas producciones hablando artísticamente, se debe reconocer que, de cierta manera, plasmaban un aspecto que se intentaba ocultar de la sociedad mexicana.

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El cine de ficheras significó muchas cosas en la industria de este país, por una parte se demostró que los contenidos vulgares y los desnudos son de gran atractivo para el espectador mexicano. Por otro lado, fue un reflejo de la idiosincrasia del México de aquellos ayeres, del submundo hecho tabú, es decir, no es reprochable del todo esta corriente cinematográfica. Es verdad, significó oscurantismo en la larga tradición cinematográfica del país, pero también demostró que al público mexicano, incluso en nuestros días, se le complace muy fácilmente.

Por Carlos Ramírez